Restaurantes
Akasaka de Tokyo · 赤坂
barra de sushi · Colonia Juárez, CDMX
Una de las primeras barras auténticas de sushi en la CDMX: la traducción arquitectónica de un ritual, el de observar de cerca la precisión del itamae.

- Proyecto
- Akasaka de Tokyo · 赤坂
- Tipología
- Restaurante
- Disciplina
- Restaurantes
- Arquitectos · Equipo
- Alejandro de la Vega Zulueta · Luis de la Vega Zulueta
- Ubicación
- Florencia, Colonia Juárez, CDMX
- Fotógrafo
- adelavega
El proyecto
Barra de sushi, Colonia Juárez, CDMX
En plena Calle de Florencia, colonia Juárez, los arquitectos Alejandro de la Vega Zulueta y Luis de la Vega Zulueta proyectaron Akasaka, una de las primeras barras auténticas de sushi en la CDMX. En un momento en que la gastronomía del sushi japonés era conocida por la mayoría de los comensales capitalinos, el proyecto asumió la responsabilidad de traducir arquitectónicamente un ritual: el de observar, de cerca, la precisión del itamae.
El corazón del espacio es una barra de preparación de gran longitud, un escenario continuo donde la técnica se convierte en un espectáculo silencioso. Frente a ella, un sistema de asientos diseñado con rigor: patas cilíndricas de 2 pulgadas de diámetro que se apoyan en una base circular y un respaldo delgado de perfil ergonómico que acompaña la columna sin interrumpir la vista hacia la barra. La geometría del mobiliario —círculo, cilindro, curva— dialoga con la lógica compositiva del resto del proyecto.
Al fondo, el remate visual: un tablero de círculos concéntricos que enmarca un cristal grabado con el logotipo de un pez japonés, trazado en líneas negras de fuerte carácter gráfico —aletas angulosas, cuerpo cubierto de escamas circulares y un ojo envuelto en espiral—, símbolo que ancla la identidad del lugar y cierra la composición espacial de la barra.
La iluminación, resuelta de manera indirecta, evita el deslumbramiento tanto en la superficie de trabajo como en los comensales, generando una atmósfera de calidez controlada. El resultado es un confort visual que privilegia la concentración: la luz revela el gesto del chef, la textura de la madera y el brillo del cristal grabado, sin competir nunca con ellos.
Akasaka es, así, un ejercicio del taller en la traducción arquitectónica de una cultura ajena hacia un lenguaje espacial propio —geometría depurada, materialidad y una atención minuciosa al detalle ergonómico— que anticipa preocupaciones que la práctica Alejandro y Luis de la Vega Zulueta profundizaría décadas después.